A solas, con Turín aún dormida y la ruta encendida en el GPS. Desde ahí, Javi fue cosiendo puertos, enlaces y fronteras de comunidad como quien regresa por un camino que ya conoce: vivacs a la intemperie, cafés tempraneros y ese “si llueve, que llueva” que se hizo banda sonora.
En los Pirineos, la compañía fue llegando a ráfagas —un relevo, una charla, una rueda a la par— y en Asturias tocó la verdad del porcentaje: San Lorenzo, Farrapona y un Angliru que obligó a empujar antes de volver a montar.
Familia, amigos y esa mezcla de abrazo y tentación de parar. Nolo hizo.
Cruzó la Ribeira Sacra con los ojos llenos —primero de verde, luego de negro— y siguió hacia la meseta entre viento cambiante, una crono urbana con tráfico y enlaces largos que solo cuentan las piernas. La llegada a Madrid no fue un esprint: fue la confirmación de que la bici, cuando suma comunidad, sirve para cuidar. IGARE siguió adelante, un día más, hasta el último.
A las tres de la madrugada comenzó la lluvia, empapado y sin un buen techo a mano, tocó deshacer el vivac. Al amanecer, todavía con el agua cayendo parar no era buena idea, pero tocó hacer un parada rápida en la Seu para comer un sushi y ensaladilla de supermercado y seguir hacia Andorra.
Y entonces apareció el “ángel del Montsec”. Javi (Rockiluco) se hizo horas de coche para llevarle el equipo de lluvia que se había dejado olvidado. Un gesto que valió oro… aunque el amanecer lo recibiera con granizo. Aun así, con el ánimo renovado y el chubasquero en la alforja, la ruta continuó.
Entrar en Lugo fue una fiesta: grupetas amigas, familia en Sarria y abrazos que empujan…
y también tientan a parar.
No lo hizo.
Durante La Vuelta los xinistas se volcaron con Igare y Javi estuvo acompañado todos los días.
Algunos pedalearon unos kilómetros con él, otros todo el día, y otros simplemente pegaron un grito y le alegraron el día.
Javi paró a saludar y agradecer el ánimo a todos y cada unos de los xinistas en las cunetas, a pesar del tiempo, esa pérdida daba energía extra.
¡Reto IGARE finalizado!
Comenzó en Torino y acabó en Madrid.
21 días 18 horas 28 minutos.
6.020,28 kilómetros.
71.998 desnivel positivo.
Media diaria: 275 km / 3.300 D+
Este reto no solo busca generar conciencia sobre la enfermedad “Piel de Mariposa”, sino también recaudar fondos para la asociación DEBRA Piel de Mariposa, que apoya a las familias afectadas y fomenta la investigación para encontrar una cura.
Cada pedalada cuenta.